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LA DEHESA

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA DEHESA
El término dehesa procede del castellano defensa, que hace referencia al terreno acotado al libre pastoreo de los ganados trashumantes mesteños que recorrían el suroeste español (San Miguel, 1994). Parece pues correcto aceptar, según Manuel Gutiérrez (1992), que la costumbre, ya de los romanos, de establecer latifundios en territorios marginales sea el verdadero origen de las dehesas, consideradas como superficies amplias controladas por un único propietario; también hay que tener en cuenta que es más fácil que se tale una dehesa dividida entre los pequeños propietarios que en el caso contrario.


EL CONCEPTO DE DEHESA.
La dehesa es un ecosistema de creación humana a partir del bosque de encinas primitivas. Surge como consecuencia de la actividad humana empeñada en arrebatar tierras al bosque y poderlas destinar como pastizal que alimente a la cabaña ganadera, pasando por dos fases, una primera en la que inicialmente se aclara el bosque denso de quercíneas y otra de control de la vegetación leñosa y estabilización del pastizal.


EL ARBOLADO.
El mantenimiento de una parte del arbolado se debe a la multiplicidad de funciones que ejerce, tanto por su producción de bellotas o montanera como por su importancia ecológica, desempeñando numerosos efectos reguladores. Cabe destacar la creación de un microclima debido a la intercepción de radiación solar, vapor de agua y precipitaciones, lo que genera una reducción de escorrentía. La creación de un microclima bajo la copa debido al efecto de sombra que genera, permite el desarrollo de otras especies vegetales más umbrófilas.
El arbolado da cobijo a la fauna, tanto doméstica como silvestre, evitando la necesidad de construir refugios para el ganado; fertiliza a través de la deposición de materia orgánica en forma de hojarasca.


APROVECHAMIENTOS Y RECURSOS.


Pastoreo.
La actividad ganadera se adapta perfectamente al medio con el aprovechamiento mixto de pastos y bellotas combinados con rumiantes y monogástricos en régimen extensivo. Los rumiantes, sobre todo las vacas y ovejas transforman los pastos naturales en carne y también en leche y lana. El porcino ibérico es el animal omnipresente, debido a su capacidad para transformar la bellota en grasa animal. El principal problema son los periodos de sequía, que obligan a sostener a la población ganadera a base de piensos u otros alimentos conservados.

Actividad Agrícola.Se trata de una actividad secundaria en la mayoría de las dehesas. El cultivo más frecuente y representativo es el cereal, para obtener el alimento de los animales, impedir la invasión del matorral y proporcionar un hábitat adecuado a las perdices para la práctica de la caza, además estos terrenos suelen arrendarse y con ello se obtiene un beneficio económico adicional. También se cultivan leguminosas forrajeras, especies pratenses y cultivos leñosos: higueras, cítricos, nogales, almendros, viñedos y otros frutales.


La Montanera. Es el pastoreo de cerdos en campo abierto favoreciendo el consumo de bellotas procedentes de encinas, alcornoques y quejigos durante un tiempo.
La floración de la encina comienza en abril o mayo durante dos meses y las bellotas maduran entre octubre-noviembre. Las producciones medias de bellota están entre 400-700 kg/año. En España existen más de 1.200.000. La producción por árbol es de 10-15 kg/año. La composición de la bellota se adapta muy bien al cerdo, ya que éste no puede ingerir exceso de celulosa y además dispone de una elevada capacidad para asimilar hidratos de carbono y acumularlos como grasa.

El Ramoneo.
La calidad del ramón de encina es baja, ya que el ganado sólo ingiere ramón en una parte de su ración. Tiene un elevado contenido en taninos, destacando: 90% la cabra, 50% la vaca y 20-30% la oveja. Su contenido proteico varía según el diámetro de las ramas, época de corte y posición en el árbol. La producción es escasa, su calidad baja y su aprovechamiento costoso al tener que ponerlo al alcance del ganado.
Un beneficio es su hojarasca seca que es consumida por el ganado representando entre un 10-20% de la  ración de volumen ingerida.


La Caza.
Es una de las actividades más habituales de la dehesa, cuyo comercio a pequeña escala aumenta la economía comarcal. En terrenos con pendientes de más del 40% la mejor aplicación es el uso de la caza, ya que se trata de zonas no aptas para el ganado. El uso cada vez más extendido es el de las granjas cinegéticas bien propias o bien para la repoblación. La caza mayor afecta sobre todo a ciervos y jabalíes y la caza menor a conejos, perdices, liebres, tórtolas, palomas torcaces, etc.


Agroturismo.
Los profesionales del sector se encuentran divididos sobre su idoneidad. Algunos piensan que puede  contribuir a una mejora en la economía, debido al escaso desarrollo de las poblaciones cercanas a las dehesas; otros opinan que dicha invasión podría contribuir a la eliminación del ecosistema. Algunos cortijos se ofrecen como vivienda para fines de semana y como alojamiento para cazadores. También se ofrecen para grupos juveniles con cursos de educación ambiental por monitores especializados sobre el sistema tradicional de manejo de las dehesas.  Otros usos lúdicos son además el cicloturismo, senderismo, etc.


Productos de Calidad.
Las producciones forestales de las dehesas arboladas ofrecen leña procedente de las podas y sobre todo el corcho, con un incremento de su valor en los últimos años.
La obtención de productos de calidad cada vez más apreciados en los mercados sobre todo el porcino  ibérico. 
Los productos apícolas (miel, polen y cera), la lana, productos silvestres como hongos, setas, espárragos y hierbas aromáticas. Además de la pesca, realizadas en las diferentes charcas.
El aumento de la demanda por la tendencia al consumo de productos naturales y ecológicos, pues debido a  origen se adaptan a éstas características.

Flora.
Podemos definir una dehesa como la formación resultante de la eliminación por parte del hombre de parte de la espesura arbórea natural con fines agroganaderos. Este proceso, llamado adehesamiento, se realiza únicamente en lugares donde las condiciones edafo-climáticas no permiten un aprovechamiento agrícola más rentable. No es, pues, la dehesa un sistema natural, sino antropizado, y que necesita de la mano del hombre para mantenerse.
Una dehesa está integrado por un estrato arbóreo, habitualmente de quercíneas, y de un estrato herbáceo de pastizal. La aparición de un estrato de matorral se considera un indicativo de abandono o mala gestión.

La especie por antonomasia de la dehesa es la encina (Quercus rotundifolia) y en menor medida el alcornoque (Quercus suber). Además, en función de las condiciones climáticas del lugar, podemos encontrar, entre muchas otras, especies como el quejigo (Quercus faginea), el roble melojo (Quercus pyrenaica), la coscoja (Quercus coccifera), el enebro (Juniperus oxycedrus), el algarrobo (Ceratonia siliqua), el aceuche (Olea europaea), etc.

El arbolado es el responsable de la creación y conservación de unas condiciones edáficas adecuadas, así como de la extracción profunda de nutrientes y agua que, de otra manera, serían inaccesibles para el pastizal. También es responsable de la creación de pequeñas islas climáticas donde queda atenuada la radiación solar, se amortiguan las diferencias térmicas, disminuye la fuerza del viento y se regula la erosión del suelo. Todo esto resulta fundamental teniendo en cuenta las desfavorables condiciones climáticas y la pobreza de los suelos de las zonas donde se asienta la dehesa.

El gran protagonista de la dehesa, sin embargo, es el pastizal, que permite su principal aprovechamiento: el ganadero. Existe una gran heterogeneidad de comunidades herbáceas dependiendo de las condiciones de fertilidad del suelo y de la disponibilidad de agua. En general, el estrato herbáceo está integrado por especies pertenecientes a las familias de las compuestas, gramíneas y leguminosas, teniendo también una amplia representación las cariofiláceas, crucíferas y umbelíferas. Podemos destacar especies como el Trifolium glomeratum, Trifolium arvense, Medicago sp., Poa bulbosa, Agrostis castellana, etc.

Los estratos arbóreo y herbáceo definen la mejor expresión de la dehesa, sin embargo, de forma recurrente se producen invasiones de matorral. Este estrato, está integrado habitualmente por especies de la familia de las labiadas (cantuesos, tomillos,...), cistáceas (jaras, jaguarzos,...), y leguminosas (retamas, ahulagas,...) entre otras.


Fauna.
Gracias a prácticas muy cuidadosas en la agricultura y la ganadería, la Dehesa ofrece un inmejorable hábitat a muchas especies de animales.

La dehesa alberga una fauna rica y diversa. Las más típicas especies mediterráneas la pueblan, consumen sus productos o se refugian en sus árboles. De todas los animales que viven en la dehesa llaman la atención especies cinegéticas como el ciervo (Oryctolagus cuniculus), la liebre (Lepus capensis), y el jabalí (Sus scrofa)

Es sencillo observar surcando los cielos de la dehesa aves tan emblemáticas como la cigüeña (Ciconia ciconia), el buitre leonado (Gyps fulvus)o el alimoche.

En cuanto a pájaros, son característicos el pinzón vulgar, el verdecillo, el torcecuellos y el agateador común que, entre muchas otras especies, abundan en la Dehesa.

En verano anida el abejaruco y, junto con el rabilargo, la perdiz común y la abubilla dan un colorido espectacular a la Dehesa. No es raro encontrar águilas culebreras que se alimentan de los muchos anfibios que pueblan el lugar y entre los que destacan la lagartija roquera y el impresionante lagarto ocelado – el más grande de los europeos.

Mamíferos como el zorro (Vulpes vulpes), reptiles como el lagarto ocelado (Lacerta lepida) y aves como el rabilargo (Cyanopica cyanus) entre muchos otros, tienen en la dehesa el alimento y refugio que les permite crecer y multiplicarse.